De Venezuela estaba acostumbrada a que a la hora de manejar, la corneta es tu compañera fiel.  Salir en carro en Venezuela es escuchar la corneta desde que sales hasta que vuelves. Si no eres tu el que la toca, entonces son los demás, pero siempre hay alguna sonando. Bien sea por el peatón o el carro que no respeta el semáforo, o por el vivo que te quita un puesto, o por un atravesado, etc.

En todo caso, cuando llegué a Alemania, algo que enseguida me llamó la atención fue que nadie toca la corneta. El tráfico transcurre en silencio, la gente respeta los semáforos, todo tiene su orden. Claro, nunca faltará la excepción, pero realmente puedo contar con los dedos las veces que he escuchado una corneta aquí.

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