Lo que más me gusta de vivir en Alemania es sin duda alguna la seguridad. Salir a la calle a caminar sin tener miedo de que me vayan a asaltar, secuestrar o matar; o ir en carro, parar en un semáforo o estar en una cola sin tener miedo de que vaya a salir de la nada algún malandro para tocarme la ventana y asaltarme, para mí no tiene precio.

Cosas malas pasan en todas partes pero aquí la vida tiene valor. Aquí no tienes que andar con la paranoia y la constante zozobra de que algo malo te pueda pasar. No te sientes insegura al estar al estar en la calle, puedes sacar tu celular, retirar tranquila de un cajero o comprarte unos buenos lentes, un buen reloj, sin miedo a que alguien agreda tu integridad física.

Para una persona que siempre ha vivido acá le resulta difícil entender e imaginarse como puede ser eso, pero para alguien que venga de un país inundado en delincuencia es fácil identificarse con esto y sabe muy bien de lo que estoy hablando.

Después de haber sido víctima en Venezuela de varios asaltos, la seguridad que siento en las calles alemanas es lo que más valoro de este país, y lo que me da ánimo con la parte difícil de vivir acá.

¿Y cuál es esa parte difícil? ¡El clima! El frio es sin duda alguna lo que menos me gusta de Alemania. Si esta época durase unos dos meses nada más, no estaría mal, pero es un largo período de unos 6 – 7 meses (de mitad de octubre hasta abril) por lo cual se torna super pesado.

No solo es el frio, sino la poca luz que hay en esa época. Los días son más cortos y predomina un cielo gris, clima húmedo, nublado y lluvioso. No todo el mundo es tan friolento, pero yo lo soy en extremo, por lo que el otoño y el invierno son épocas retadoras para mí.

Especialmente fastidioso me resulta el trapero que hay que ponerse encima: dos pares de medias, medias panties o leggings, pantalones, botas, camisa, suéter, chaquetas, gorro, guantes. Aquello pesa como 4 kilos y bien divertida se pone la cosa cuando entras en un bus, en una tienda o en un centro comercial con calefacción y sientes que te ahogas con ese trapero y lo que provoca es arrancarse todo. Si te dejas todo puesto, te cocinas, y si te lo quitas, tienes que andar con esa mudanza en las manos y así es como comúnmente se pierden los guantes, los gorros o las bufandas.

Nada es perfecto y Alemania no podía ser la excepción, pero a pesar de esa parte difícil es un privilegio poder vivir en este maravilloso país.

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