Apenas llegué a Alemania esto fue algo que me llamó bastante la atención, esto aquí es definitivamente el paraíso de los lácteos. Nunca antes había visto una oferta tan grande y tan variada de los derivados de la leche, pues no solo consigues los productos hechos con leche de vaca (incluyendo las versiones sin lactosa), sino también con leche de oveja y leche de cabra.

De Venezuela estaba acostumbrada a la leche, al yogurt, a la mantequilla, a la nata, al queso crema, a la crema de leche, a algunos quesos blancos y al queso amarillo. Sin embargo, aquí las opciones son tantas que más bien abruma. La oferta es tan vasta que cubre paredes completas con todos estos productos.

El alemán consume anualmente en promedio unos 86 kilos de productos lácteos, entre los cuales se encuentran: diferentes tipos de mantequillas (con sal, sin sal, con hierbas, dulzona, más bien ácida), diferentes tipos de crema de leche, cantidad de quesos crema (granulado, con hierbas, sencillo), muchísimos tipos de yogurt (que es el producto lácteo favorito de los alemanes), requesón, muchos tipos de queso amarillo con diferentes grados de maduración, aspecto y sabor, algunos quesos blancos, y por supuesto muchas bebidas a base de leche (con cacao, frutas y otros).

Muchos de estos productos fueron nuevos para mí, y aunque algunos sí me parecieron simpáticos, a otros sencillamente no me pude acostumbrar. Por ejemplo, hasta el sol de hoy me sigue pareciendo muy extraño el queso de crema granulado, no lo entiendo y no me gusta. Los quesos amarillos están bien en líneas generales, pero los quesos blancos de acá no me convencen. Yo los sigo extrañando y para mí ninguno como el queso blanco duro y el queso telita de mi querida Venezuela. 

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