Cuando llegué a Alemania no sabía absolutamente nada de alemán. El idioma nunca me había llamado la atención. La verdad es que no me sonaba muy bonito y las referencias que tenía de él es que era un idioma bastante difícil. Sin embargo, tuve claro desde el principio que si ya había tomado la decisión de venirme a Alemania, tenía que aprender alemán. Depender de otra persona para que me tradujera todo o estar limitada en las cosas cotidianas no era una opción para mí.

Acostumbrarme al sonido del alemán no fue fácil, pero con el tiempo le agarré cariño (a la final un tercio de mi vida lo he vivido en Alemania). Luego de estar un mes en el país comencé mi curso de alemán en la Deutsche Angestellten-Akademie (DAA) en Nuremberg. Aquí comenzó mi aventura aprendiendo alemán. Mis profesoras me encantaban y mis compañeros eran agradables, lo cual aligeró la alta montaña que tenía delante de mí.

La diversión con el alemán comienza por los artículos. El alemán no solo tiene masculino y femenino, sino también neutro, lo cual en algunos casos me resulta absurdo. ¿Por qué motivo una niña (Mädchen) es neutro?, ¿Por qué un niño/a (Kind) en general es neutro? Además, lo que en español es muchas veces femenino o masculino, no lo es en alemán. Así que te toca aprender doble, tanto el sustantivo como su artículo. ¡Y la cosa se pone buena cuando empiezas a formar los plurales con todas sus variaciones!

Luego sigue la fiesta con las famosas declinaciones: acusativo, dativo y genitivo. Para dominarlas es indispensable que te sepas bien los artículos de los sustantivos porque si no, ya empiezas a decir todo mal. Pero aquí no termina la cosa con estos señores. Para usarlos bien también debes aprender cuál es el que acompaña a cada verbo. Un ejemplo que me encanta es: ich unterstütze dich (te apoyo) / ich helfe dir (te ayudo). El primero es acusativo y el segundo dativo. ¡¿?!

Sigamos ahora con los verbos, éstos de verdad que sí son unos malvados. Aquí tenemos los verbos normales o sencillos que vienen en segundo puesto en la oración después del pronombre. Pero luego vienen los verbos modales (Modalverben), que a su vez necesitan otro verbo, que va en otro lugar, al final de la oración. Y esto no es todo, también existen los verbos separables (Trennbare Verben). Estos sí que son mis favoritos, porque constan de dos partes que van en lugares diferentes de la oración. ¡La segunda parte del verbo va al comienzo, después del pronombre, y la primera parte del verbo va al final de la oración!

Continuemos con los números. Estos hasta el día de hoy me hacen hacer una pausa si se trata de cantidades grandes. En los idiomas que conozco los números tienen la misma estructura. Sin embargo, el alemán se rebeló y dijo no, yo lo haré diferente. Así que los números son al revés. Por ejemplo, ¡en vez de decir veinticuatro, se dice cuatro y vente! Te deseo ánimo y paciencia tratando de decir fechas de nacimientos, montos y otras cantidades con varios dígitos.

Y por supuesto no podemos dejar atrás la pronunciación, ésta sí que se las trae. Para empezar, el alemán tiene tres vocales extras que parecen unos emojis y que son bastante difíciles de pronunciar (ä,ö,ü). Además, tiene muchas palabras con varias consonantes juntas y con pocas vocales en el medio. A ésto súmale las palabras compuestas, aquí es cuando la cosa se pone interesante. Estas palabras no llevan separación y se vuelven interminables, por ejemplo: Nahrungsmittelunverträglichkeit, o intolerancia alimentaria.

El alemán es un idioma muy técnico y super específico, no es un idioma fácil. A más de un alemán he escuchado decir que está feliz de que ya lo habla y que no tiene que aprenderlo. ¡Pero sí que se puede! El tiempo que tardes en aprenderlo dependerá de la motivación y la dedicación que le pongas.

A los que ya lo hablan bien y fluido, felicitaciones, ciertamente es un logro del cual se puede estar muy orgulloso. A los que quieren aprenderlo o ya están en eso, ¡ánimo! Por lo complejo que es, más grande es la alegría y la satisfacción cuando ya lo domines 😊

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