Cuando empecé en mi primer trabajo en Alemania, hubo algo que me llamó la atención desde el primer momento que entré a las oficinas de la empresa. A pesar de que éramos casi 50 personas en el departamento, estaba absolutamente todo en silencio. Casi que ni una mosca se escuchaba.

Recuerdo haberle preguntado a una compañera que si no había hilo musical o un radio de fondo. Me miró con cara rara y me dijo que no, qué cómo que música de fondo, que aquí no se usa eso. Que solo una o dos compañeras se ponen a veces unos audífonos para escuchar su música del celular, pero más de eso no.

En este punto se evidencian otra vez las diferencias entre Alemania y Venezuela. Allá musiquita de fondo, la gente hablando, riéndose, y aquí todo en total silencio y cada quien en lo suyo. Hay que acostumbrarse primero…

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